Evitar: ausencia, escape y desescalada

El capítulo que más vidas salva, y el que menos se entrena. Incluye la pregunta más incómoda de la defensa personal: si te amenazan con un arma, ¿hay que cumplir o hay que correr?

Todo lo que hay en este sitio sobre técnica sirve para el momento en que ya no queda otra. Esta página es sobre todo lo que hay antes, que es donde de verdad se decide casi todo.

1. Ausencia: no estar

Las cosas malas pasan en sitios predecibles. Evitarlos elimina un porcentaje enorme de toda la violencia del mundo.

  • Bares, fiestas y cualquier sitio donde la gente altere su estado mental. El alcohol baja las inhibiciones y hace que buscar pelea parezca buena idea; también hace que se olvide que «no» es una frase completa. Los estimulantes hacen olvidar que uno es mortal.
  • Negocios con mucho efectivo, que atraen atracos.
  • Entornos donde no puedas leer las reglas. Y este es el aviso importante: si no conoces ese ambiente, no sabes qué comportamientos tuyos se van a leer como una amenaza ni cuándo estás rompiendo una norma. Hay que aprender a reconocer cuándo no te estás enterando de lo que pasa — y a callarte mientras tanto.

No es una lista moral. Es estadística.

2. Escape y evasión

Si la ausencia falló, escapar es la siguiente opción. Y escapar se entrena, aunque casi nadie lo entrene.

Estudia el terreno, como hábito. No solo dónde están las salidas: qué ventanas se pueden romper, qué tabiques se pueden atravesar, qué hay encima del falso techo. En los sitios donde pasas tiempo —tu casa, tu trabajo, el gimnasio— explóralos de verdad. En tus rutas: ¿vas siempre por el mismo sitio?, ¿dónde te podrían cortar el paso?, ¿tienes hueco delante, detrás o al lado si conduces y necesitas salir?

Cuando aparece el peligro hay que romper las reglas normales. Esto es más importante de lo que parece: te has pasado la vida coloreando dentro de las líneas. Los adultos casi no corren; como mucho trotan. Te han educado para ser educado. Entras en los edificios por la puerta. Puede que tengas que correr, ser maleducado y salir por una ventana.

Y dos criterios concretos:

  • Corre con seguridad: usa lo que te tape (ocultación) y lo que pare balas (cobertura), y ten claro que no son lo mismo — los tabiques de una casa no paran una bala. La distancia sirve para las dos cosas: hasta los agentes entrenados fallan la mayoría de los disparos a distancias muy cortas. Sé un blanco en movimiento y gana distancia.
  • Corre hacia algún sitio seguro, no simplemente lejos. El instinto es huir mirando hacia atrás, y la adrenalina te vuelve torpe y te estrecha la visión. Necesitas la atención en tu ruta y en tus pies.
  • Si te hieren mientras corres, sigue corriendo. La mayoría de la gente sobrevive a sus heridas, y la mayoría de las heridas incapacitan más psicológica que físicamente.

Y una regla que vale para todo: nada a medias. Si vas a correr, corre. Si vas a esconderte, escóndete. Si vas a pelear, pelea. Dudar es fallar.

3. Desescalada

Aquí es donde hay que haber leído Violencia social y depredadora, porque cada tipo se desescala de forma distinta y lo que calma a uno excita a otro.

Danza del mono. Se corta pronto y con humildad: apartar la mirada de forma genuinamente sumisa en el paso 1 o 2 lo termina. Si ya ha arrancado en un sitio peligroso: mira al público, niega con la cabeza, enseña las palmas y vete sin decir una palabra. Eso satisface al que la baila, te saca de allí, no hiere a nadie y no da pie a escalar a exhibición de estatus. Lo que no funciona es apartar la mirada mientras cuchicheas con tus amigos: eso escala.

Paliza educativa. Reconocer el error, sin excusas, la termina. Discutir la escala.

Danza del mono en grupo. Si te encuentras la salida bloqueada, la situación estaba montada para esto. Rompe el bloqueo de forma explosiva y corre.

Depredador. Aquí las habilidades sociales no valen: no hay un guion social que satisfacer. Y la distinción decisiva es la de siempre — al depredador de recurso se le puede entregar el recurso; al depredador de proceso no hay nada que entregarle salvo a ti mismo.

4. La pregunta incómoda: ¿cumplir o correr?

Aquí las fuentes de este sitio no dicen lo mismo, y en lugar de esconderlo vamos a ponerlo encima de la mesa con los argumentos de cada una.

Lo que dice Douieb

El manual del que sale el programa técnico es claro: quien te amenaza con un arma normalmente quiere algo, y matarte no suele ser su objetivo principal. Si lo que quiere es tu cartera, dale la cartera. Las técnicas de desarme son difíciles y se reservan para cuando estás bien entrenado y todo indica que va a usar el arma de todas formas.

Es la postura tradicional, y es la que está publicada en la ficha de defensa contra arma de fuego.

Lo que dice Thalken

Thalken dedica un apartado entero a sostener que «ceder ante los criminales es un mal consejo que viene de malas matemáticas». Su argumento tiene dos partes.

Primera: de dónde viene el consejo. Antes de 1972, los datos sobre delitos venían solo de atestados policiales, que mostraban que las víctimas que se resistían resultaban heridas más a menudo. Para mejorar esos datos se creó la encuesta nacional de victimización (NCVS). Aun así seguía apareciendo la misma correlación… hasta la revisión de 1992, en la que por primera vez se preguntó a las víctimas si habían empezado a resistirse antes o después de resultar heridas.

Ahí se vio el error: buena parte de la correlación venía de casos en los que la víctima se resistió porque ya la habían herido. Corregido eso, las víctimas que resistieron tuvieron significativamente menos probabilidad de resultar heridas. Además, de las que resistieron, un 75 % creyó que su actuación mejoró la situación y solo un 15 % creyó que la empeoró.

Thalken añade que la insistencia oficial en «no te hagas el héroe» se explica en parte por el sesgo de experiencia —quien atiende esos casos recuerda sobre todo el pequeño porcentaje que salió mal— y en parte por la responsabilidad civil de empresas e instituciones.

Segunda: la cuenta de echar a correr. Para morir por salir corriendo tienen que pasar tres cosas seguidas, y cada una tiene su probabilidad:

Qué tiene que pasarRango estimado
Que te dispare al huir10-25 %
Que acierte20-40 %
Que mueras por el disparo10-30 %

Los datos que sostienen la segunda fila son llamativos: agentes entrenados aciertan el 43 % de los disparos a menos de dos metros y el 23 % entre dos y seis metros; y según la estadística oficial estadounidense, solo el 27 % de las agresiones en las que el agresor disparó terminaron con la víctima alcanzada. Los criminales no tienen mejor puntería que la policía.

Multiplicando los extremos, la probabilidad de morir corriendo sale entre el 0,2 % y el 3 %. Es decir: entre un 97 % y un 99,8 % de supervivencia. Y remata con la frase que resume su postura: nunca vas a volver a ver una probabilidad tan buena como esa si obedeces a un desconocido armado y te subes a su coche.

Dónde coinciden las dos

Antes de elegir, conviene ver que el desacuerdo es menor de lo que parece:

  • Los dos dicen que la técnica de desarme es el último recurso, no el plan.
  • Los dos dicen que un objeto no vale una vida. Douieb dice que le des la cartera; Thalken no discute eso: discute que cumplir sea la respuesta por defecto en cualquier escenario.
  • Y los dos coinciden en lo que de verdad importa: en el momento en que te piden ir a otro sitio, subir a un coche o dejar que te aten, se acabó cumplir. Eso conecta directamente con Miller: te están llevando a un escenario secundario, y ahí las probabilidades solo empeoran. Cualquier riesgo por escapar merece la pena.

Este no es el único punto en el que las fuentes de este sitio discrepan. Los demás están en Donde las fuentes no coinciden.

Un detalle práctico si vas acompañado

Thalken hace una recomendación que cuesta poco y puede valer mucho: habla antes con tu gente. Que esté acordado que a la primera señal de problema se corre y se busca ayuda, para que nadie lo interprete como un abandono. Y decidir, si hace falta, quién corre y quién se queda — porque a veces no hay opción de correr.

En una línea

No estar es mejor que escapar, escapar es mejor que hablar, y hablar es mejor que pelear. La técnica es lo último de la lista, y llegar hasta ella significa que las cuatro anteriores fallaron.

Fuentes de este artículo
  1. Rory Miller, Facing Violence: Preparing for the Unexpected, YMAA Publication Center, 2014, cap. 3.
  2. Jason Thalken, Fight Like a Physicist: The Incredible Science Behind Martial Arts, YMAA Publication Center, 2015, cap. 8. ISBN 9781594393389.
  3. Richard Douieb, Self-défense Krav Maga, Éditions EM, 1997.El autor fue alumno directo de Imi Lichtenfeld e introdujo el Krav Maga en Europa.

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